Organizadores: Magdalena Polo y Miguel Salmerón.

Fecha: 23 de octubre.

Lugar: Universidad de Salamanca.

Hora: 10:00.

Modalidad: Presencial.

Desde tiempos primitivos, la humanidad ha proyectado en la naturaleza su necesidad de explicar el mundo y dotarlo de significado. Los mitos surgen como narrativas que estructuran la relación de las sociedades con su entorno, asignando a los fenómenos naturales un carácter sagrado o simbólico. La naturaleza, en su inmensidad y dinamismo, representa lo incontrolable, lo caótico y lo desconocido. Desde siempre, los mitos han servido para estructurar este espacio de incertidumbre, dotándolo de formas inteligibles. Sin embargo, en esta siempre queda un margen de indeterminación que hace que el mito siga reinventándose porque lo indeterminado genera preguntas fundamentales sobre el origen, el destino y el orden del mundo, y el mito responde con relatos que, a su vez, son ambiguos y abiertos a interpretación. Lo indeterminado es lo que mantiene vivo al mito, permitiendo que se transforme a medida que cambia nuestra relación con el mundo natural. En este sentido, la naturaleza y el mito comparten una misma lógica: ambas son dinámicas, abiertas y siempre sujetas a nuevas interpretaciones.

Desde una perspectiva estética, el mito de la naturaleza funciona porque la indeterminación le permite que sea un espacio de sentido en el que lo simbólico y lo real se cruzan. En la epistemología del paisaje sonoro, la indeterminación del entorno acústico se concibe en constante cambio, permite experiencias subjetivas en las que cada oyente “reconstruye” su propio mito de la naturaleza. No es un objeto fijo ni una estructura cerrada, sino un flujo dinámico de sonidos naturales, humanos y tecnológicos. En esta comunicación vamos a escuchar algunos paisajes sonoros analizándolos desde esta óptica.

El concepto de «naturaleza» en la cultura occidental ha sido históricamente una construcción simbólica que ha oscilado entre la idealización romántica y el de la dominación técnica. Hoy, en la era del Antropoceno, la idea de naturaleza como algo separado de lo humano se muestra insostenible, ya que la crisis ecológica actual evidencia la interdependencia entre los sistemas humanos y no humanos, desafiando la dicotomía clásica entre cultura y naturaleza. Bruno Latour ha cuestionado esta dualidad, proponiendo enfoques como el «parlamento de las cosas», donde la naturaleza no es un objeto pasivo, sino un agente dentro de redes híbridas de interacciones. En Nunca fuimos modernos argumenta que la distinción entre naturaleza y cultura es una ficción creada por la modernidad. En realidad, vivimos en un mundo de redes híbridas donde lo natural y lo social están entrelazados. Donna Haraway, desde el feminismo y el pensamiento posthumanista, propone abandonar la visión de la naturaleza como un ente pasivo y pensar en relaciones más simétricas entre humanos y no humanos, como se constata en Staying with the Trouble o Timothy Morton desarrolla el concepto de hyperobjects, fenómenos como el cambio climático que son tan vastos y omnipresentes que desbordan la capacidad humana de comprensión en Hyperobjects: Philosophy and Ecology after the End of the World (2013).